De la “conciencia de existir”, como única verdad insoslayable, a la “angustia existencial” de Sastre.
“Conciencia del yo” (conciencia “del ser”, de “existir”) en DESCARTES.
El cogito: latín, cogitare: pensar.
En Discurso del método (parte IV).
Finalidad de la duda cartesiana:
-Establecer verdades absolutas que sean, a la vez, claras y evidentes por sí mismas.
-Estas verdades servirían de base para una metafísica sólida.
-La duda metódica: dudar de cuanto hay con la intención de descubrir si existe algo de lo que no quede la menor duda.
(Descartes no es un escéptico, utiliza la duda para alcanzar la “verdad indudable”).
-Duda de los sentidos. Éstos nos engañan, dejándonos llevar por las apariencias.
¿Es real lo que vemos?.
-Duda de nuestros razonamientos, que nos llevan a error, a falsas verdades,..
-Duda del mundo que nos rodea. ¿Es real el mundo, o ilusión de nuestros sueños?.
-(añadido por mí). Duda sobre nosotros mismos ¿existimos como tales, o somos un ideal soñado?.
¡el acto mismo de dudar es una prueba de mi existencia¡
“Yo soy quién duda, quién plantea la duda; luego, existo en tanto que dudo”.
“No sólo dudo, sino que también pienso”.
Pensar consiste –según Descartes- en cualquier actividad llevada a cabo con la conciencia: dudar, entender, desear, imaginar, recordar, ¿soñar?. ...
Siempre que me descubro dudando, recordando, deseando, establezco una primera verdad absoluta: que existo.
“cogito, ergo sum”. Es decir: “pienso, luego soy (existo)”.
El cogito como una existencia pensante. Un sujeto que piensa.
Subjetivismo. Así, para que exista conocimiento, se precisará de un sujeto que piense (que dude, que desee, que recuerde,..)
-El pensamiento se da sólo en un sujeto consciente de su actividad mental.
-El conocimiento de la realidad, es siempre un conocimiento consciente.
-“La ideas no existen fuera de nosotros”. (ver Platón).
El cogito como intuición (no deducción): descubrimos de manera inmediata y directa nuestra propia existencia.
“Yo soy, en tanto que pensamiento consciente”
Todo lo demás, todo aquello en lo que pienso, (los objetos de mi pensamiento) ya no son inmediatamente evidentes.
Una vez tenida la conciencia de mi existencia, ¿cómo sabré que existe lo vivido, el mundo exterior visto, o sentido?.
Cuando parece que los escépticos iban a tener razón, Descartes nos remite a la única verdad absoluta: “pienso, luego soy o existo”.
Y nos define como un Dualismo:
-Res extensa (el cuerpo y lo material, sujeto a un determinismo similar al de las máquinas –mecanicismo-).
-Res cogitans (concepto del yo o conciencia)
“yo soy una cosa que piensa”.
Donde se fragua el conocimiento, y no sujeto al mecanicismo puro.
Conciencia = alma y espíritu.
Kant: En su “crítica de la razón pura”. Dos conciencias:
-Conciencia empírica: mundo de los fenómenos. Integra las intuiciones puras del espacio, tiempo junto con los conceptos elaborados con el entendimiento.
-Conciencia trascendetal: soporte de toda capacidad de conocimiento.
“El idealismo” de Fichte. Conciencia como sinónimo de “yo”.
Husserl. (“Fenomenología del espíritu” de Hegel). Niega la existencia de una conciencia en sí, independiente de sus propios contenidos, o carácter meramente intencional.
“toda conciencia debe referirse obligatoriamente a un objeto”
Cualquier contenido mental consciente, es contenido mental de algo: pienso algo, deseo algo, siento algo,..”
Análisis de la conciencie desde una perspectiva intencional.
No se puede ir más allá de mis fenómenos, de mi contenido,...
El existencialismo: Sastre.
Sastre subraya existencialmente el carácter intencional de la conciencia.
-La conciencia no está cerrada sobre sí misma, sino que se encuentra abierta al mundo.
-El mundo no existe sin la conciencia
-El mundo entendido como un sistema de fenómenos, no sería nada sin alguien que lo percibiera y fuera consciente de él.
Dos formas de existir según Sastre.
El Ser-en-sí, o mundo de los objetos y fenómenos hacia los que se dirige (intencionalidad) la conciencia. . Las cosas son "en sí", idénticas a sí mismas (cada una es "lo que es"). Lo "en sí" es absolutamente contingente y gratuito
El Ser-para-sí, o conciencia propiamente dicha. La conciencia, que es "para sí", es "una nada de ser y, al mismo tiempo, un poder anonadador, la nada"; es "el ser para el cual en su ser está en cuestión su ser"; es "carencia de ser",
Sartre tomó de la Fenomenología su principio básico, la intencionalidad de la conciencia ("la conciencia es siempre conciencia de algo"); pero criticó el idealismo y el subjetivismo de Husserl.
Según Sartre el "yo" no es la conciencia trascendental, sino el conjunto unitario de la intencionalidad de la conciencia que está "fuera, en el mundo", porque "es un ente del mundo, igual que el ‘yo’ de otro".
Las cosas no están en la conciencia, como imagen o como representación, las cosas están en el mundo.
"La conciencia es conciencia posicional del mundo", es apertura al mundo, no es el mundo. Mediante este giro reintrodujo a la conciencia en el mundo de la existencia, permitiendo que los sufrimientos y las angustias de los hombres reales recuperaran todo su peso.
A su vez, Sartre afirmaba que hay mundo porque hay hombre. En sí mismo el mundo carece de sentido. Cuando el hombre descubre lo absurdo de lo real, su esencial contingencia y gratuidad, lo invade el sentimiento de la náusea.
En su novela La náusea, el personaje Antoine Roquentin dice:
«Lo esencial es
La experiencia nos muestra que la conciencia, que es conciencia del mundo, es al mismo tiempo distinta del mundo. La ontología sartreana distingue dos tipos de ser: en sí y para sí. (ver )
La conciencia, que está en el mundo, siendo esencialmente diferente de él, no se halla vinculada al mundo y por lo tanto es absolutamente libre.
Las cosas son lo que son; la conciencia, por el contrario, no es nada, está vacía de ser, es posibilidad, es libertad.
El hombre está obligado a hacerse, no tiene alternativa, está "condenado a ser libre". El ser del hombre es su "hacerse" a sí mismo. Por ello nadie llega a ser nada que no haya elegido ser. No valen las excusas, recurrir a ellas es de mala fe, es presentar lo querido como inevitable, es pretender acomodarse al modo de ser propio de las cosas y no al de las conciencias. Siempre queda una opción, aunque más no sea el suicidio.
El hombre se da a sí mismo su proyecto y puede cambiarlo cuando quiera. Ahora bien, siendo las cosas gratuitas y absurdas, no puede elegir en base a una escala de valores "natural", dada. El mundo carece de sentido y de valor. El hombre es "el ser por el cual existen todos los valores", él es su fundamento.
La elección no sólo es inevitable sino también absurda. «El hombre es una pasión inútil.» La experiencia metafísica del absurdo del mundo es la náusea; la experiencia metafísica de esta libertad para nada, de esta libertad inevitable y absurda, es la angustia.
Sartre realiza una descripción descarnada de las relaciones humanas, mostrando su carácter complejo, conflictivo y ambivalente.
"La mirada" es la experiencia en la que el otro se hace presente. Ella establece una relación entre un sujeto que mira a un objeto que es mirado. Respecto de las cosas, esta relación es siempre unidireccional y no reversible, pero cuando el que es observado es otro sujeto, otro ser humano, la situación se torna más compleja. Aquél que es mirado como objeto es, a su vez, un sujeto. Quien mira degrada al otro a mero objeto, lo ve como algo más entre todo lo que constituye su mundo, le asigna un lugar en su proyecto. Al hacerlo, le otorga su "ser objeto", algo que aquél no lograría sin su mediación. El sujeto, al sentirse observado, se siente mero objeto, se siente "degradado, dependiente y fijo", y ello le provoca vergüenza. No sólo es un ser "para sí", es también un ser "para otro" que lo convierte en un ser "en sí".
En su relación con el otro, el hombre busca siempre imponer su voluntad, su proyecto. Por ello las relaciones siempre son conflictivas, tanto las de amor como las de odio. Amar es intentar dominar la voluntad del otro. Odiar es reconocer la libertad del otro como opuesta a la propia y tratar de anularla.
El amor conduce al fracaso, porque sólo se logra la posesión del otro siendo uno a su vez poseído por él. Y el odio también conduce al fracaso, porque su expresión extrema, el homicidio, degrada al homicida a asesino. No podemos vivir sin relaciones humanas y no podemos evitar que éstas sean conflictivas y ambivalentes. Desde esta perspectiva no debe extrañarnos que Sartre termine una de sus obras literarias afirmando que «El infierno son los otros».
Sólo una reflexión sobre la conciencia del existir, que es más simple que la conciencia del “yo”.
Ver también conciencia de identidad, del “self”, de persona, o de objeto.
Ver la revisión fenomenológica de Jaspers.
¿qué utilidad tiene este discurso filosófico para nosotros?.
Pensar en un melancólico, en un paciente que sufre el nihilismo descrito por Cotard; en un maníaco, con su yo hipertrófico y expandido, un yo que se extiende al entorno, y todo lo contagia y aprehende.
En un neurótico inhibido y fóbico, con un yo –y una conciencia del yo- empequeñecida por su temor y ansiedad.
¡esto no está en el DSM-IV¡.
FIN.